sábado, 13 de junio de 2015
Cuestión de Fe
Por los ventanales de la iglesia se asomaban los últimos rayos de luz y el Padre Damián caminaba apresurado a la sacristía, no le gustaba estar solo a estas horas. Abrió la puerta y tras de sí escuchó una voz
-Llegas tarde
-¿quién es usted y que hace aquí?
En un rincón, en la penumbra, una sombra de lo que parecía un hombre alto y delgado empezó a dibujarse en sus ojos.
-Después de tantos años y no me reconoces. Me decepcionas
-¿Jesús?
-¿sorprendido?
-Sí, creía que estabas muerto
-Mucha gente lo cree, pero si lo piensas, hace muchos años que de alguna forma lo estoy
-¿Qué quieres de mi?
-Que creas en mí
-Yo siempre he creído en ti
-Convénceles, cuéntales mi historia…
-Lo haré
-Ahora me tengo que ir
Jesús se fue.
Eran las 8 de la mañana cuando llamaron a su puerta.
-Buenos días Padre, soy el inspector García, ¿podemos hablar?
-Sí, claro, pase.
Entraron.
-¿sabe que su hermano Jesús se ha escapado de la cárcel?
-Lo sé, vino a verme ayer. Es inocente.
-Su hermano es culpable, así quedó demostrado y así lo dicto el juez
El Padre Damián notó como su mano se aferraba cada vez más fuerte al candelabro de la repisa de la chimenea. Su mirada se volvió roja y atizó al inspector tan fuerte en la cabeza, que no le dio tiempo de despedirle en su tránsito a la muerte.
-Pobre hombre, no tenía fe - y mientras pronunciaba estas palabras empezó a cubrirle con la alfombra que decoraba el comedor -
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